Así se vivió


Después de dos días intensos y muy agitados, los participantes subieron al crucero. Se veía en sus rostros la tranquilidad del deber cumplido. Una vez a bordo conversaban relajados mientras compartían una copa, pero ya no de negocios, sino de temas ajenos a los menesteres de la oficina, de la empresa. Esa es la diferencia, el Marketplace de las Américas ha brindado además eso, la camaradería, la unión entre personas que ya tienen algo en común y que por vivir en distintos países no existía. 

La noche era templada, lo suficiente para no acalorarse en la bahía rodeada de elegantes edificios, y para no enfriarse con la brisa marina que se acentuaba con la velocidad de la embarcación. Luego de un rato, la comida estuvo lista, la cena a bordo, y la gente se sentó junto a sus nuevos amigos“ ¿cuántos hijos tienes?”, “mañana vamos de shopping ¿quién viene con nosotros?”, se escuchaba entre murmullos y risas.

De repente el ambiente ha mutado de relaciones de negocios a pura camaradería. Dos días atrás llegaban la mayoría de participantes, algunos se encontraron en recepción y saludaron afectuosamente, pues ya se conocían de años anteriores, justamente en este ambiente único, que ellos mismos han creado.

Comenzó todo el lunes en el ¨Registration Point” junto al front desk del hotel. Miembros del staff entregaban el material de trabajo a las empresas participantes. Luego los fabricantes, con estilete en mano abrían sus cajas y mostraban su faceta creativa decorando sus booths de la manera más llamativa para exhibir sus productos, era todo un arte, el salón con un predominante color rojo fue adquiriendo vida y preparándose para el ambiente de fructíferas conversaciones que vendrían los días siguientes.

El jazz se tomó la noche de bienvenida. Con música en vivo y al aire libre los participantes se sirvieron unas copas y algo de comer. Con la presentación del staff que facilitaría el evento, se cortó el lazo (figurativamente) y se inauguró la novena edición del Marketplace of The Americas.